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Para presumir hay que sufrir decían..

Para presumir hay que sufrir.

Já!

La cantidad de veces que habré escuchado esta frase… y mi reacción es siempre la misma. En mi cara se dibuja una media sonrisa mientas mi mente procesa el mismo pensamiento “ já. Eso es mentira”.

El concepto de la belleza es enteramente relativo…

Para algunos la belleza es sinónimo de una cara echa un cuadro, llena llenísima de maquillaje; unas extensiones kilométricas y artificiales; pestañas postizas; vestidos enanos; y la guinda del pastel… tacones altísimos.

Llamarme anticuada, o simple. Pero yo soy más partidaria de una belleza natural. No tengo absolutamente nada en contra de todo lo anterior, pero no creo que la belleza vaya acorde con la largura de mi pelo o el tono de mi piel.

Vivo en París, una ciudad en la que reina la lluvia, y en general el mal tiempo. El caso es que de vez en cuando me suelo cruzar con personas, normalmente mujeres, de un tono marrón anaranjado. Ya sabéis, el resultado de los rayos.

Mocasìn beige con detalles en gris y suela trasluccida

 

No voy a negar que echo muchísimo de menos mi moreno, mi bronceado…  Pero me adapto a las circunstancias. Procuro siempre ser natural. Quizá también haya un poco de recelo en mis palabras, porque como cualquier mujer, me gustaría tener más tiempo para mí.

El caso es que me gustan más las mujeres con elegancia, clase y sencillez. Las mujeres naturales que con su saber estar les basta.

Una mujer puede lucir espectacular con unos pantalones negros ceñidos, una camisa blanca, chaqueta y mocasines. Simple, como la vida misma.

Sin necesidad de maquillarse en exceso o montarse en unos tacones sinfín.

Los mocasines en las mujeres pueden estilizar más que cualquier plataforma o tacón de aguja. Los míos me los pongo con vaqueros, pitillos ceñidos, blusas, camisas… Con este tiempo, me gusta lucirlos con vestidos primaverales.

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Voy a confesaros un secreto: la belleza no está ni en el color de las uñas, ni en el valor del bolso, ni en las capas de maquillaje… si no en el ESTADO DE ÁNIMO.

Una mujer feliz, es una mujer preciosa. Y no admitiré un no por respuesta.

O las embarazadas… Wow, están gordísimas. ¿y qué? Tienen un brillo natural que las hace radiantes.

Cuando estoy feliz, me siento más segura de mí misma.

Cuando estoy feliz, soy más atrevida.

Cuando estoy feliz, no lo pienso dos veces, Mocasines color Ferrari y barra de labios acorde.

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